27 oct. 2011

Dicen...


 Dicen que siempre ando un poco despistada, como si viviera en otro lugar que no tuviese nada que ver con la realidad. Dicen que a menudo sonrío sin motivo, y que ando siempre con el corazón a flor de piel. Dicen que soy un poco rara. Que no sigo una regla estricta, pero tampoco la sobrepaso. Dicen que soy simpática y antipática. Incluso algunos se atreven a tacharme de prepotente, ignorando que no soy más que una mujer con las ideas muy claras. Y es que yo no soy rara, y aunque parezca que siempre voy por otro lado me entero de todo. No soy antipática, es sólo que no me gusta perder el tiempo. Trato a las personas con mucho cuidado. Y como si de un libro me tratara, releo una y otra vez las miradas con las que me cruzo día tras día, y cuando me aprendo la historia de memoria, me despido de una forma tan sutil que nadie se da cuenta realmente de que me acabo de marchar. Sonrío continuamente, y no precisamente porque los demás me lo provoquen. Sonrío porque me gusta la vida, sonrío porque sé hasta dónde soy capaz de llegar, porque sé que querer es poder y yo quiero y lo intento, de la forma en la que la vida me ha enseñado a intentarlo aunque parezca que ando como perdida, aunque desde fuera se me pueda ver como una pieza que no encaja, estoy, estoy ahí y soy consciente de que cuando falto mi ausencia se nota, sé que no soy imprescindible, ni pretendo ser lo, pero sí reconozco que lo doy todo cuando tengo que darlo y que sé estar en el momento exacto. Soy valiente cuando me interesa ser lo, y aunque no creo que existan personas y cosas puntuales imprescindibles, no concibo mi vida en solitario, sino que reconozco que la esencia del ser humano está en todo lo vivido, en su mundo interior y exterior, porque el ser humano no es más que eso, un montón de historias de personas que provocan que al final la vida me merezca la pena.

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