13 nov. 2011

Unos de esos momentos...

En los que te tumbas en la cama, coges tus auriculares y te pones a escuchar las canciones más tristes en la lista del mp4, uno de esos momentos en los que te sientes sola, aún estando rodeada por mucha gente. Gente falsa, que un día te quiere, y al siguiente eres un hecho de su pasado. Gente que vive de las mentiras, que carecen de saber el significado de aquello a lo que llamamos sinceridad. Gente manipuladora, que te utiliza con el fin de hacerte daño. Gente de muchos tipos, quizá demasiados. Pero es ahí, cuando te das cuenta de que también estás rodeada por gente a la que le importas. Esas pequeñas personas que han sufrido cuando tú has estado mal, que han sido las más felices de este mundo cuando tú has sido la más feliz del universo, esas personas que nunca valoraste como ellas te valoraban a tí, esas pequeñas personas tan insignificantes para este pequeño mundo, y a la vez tan enormes para tí, que siempre han estado a tu lado, cuando más lo necesitabas, incluso cuando pasabas de todo, esa gente no pasaba de tí, y no lo supiste ver. Es en ese momento cuando te arrepientes, y deseas no haber sido tan estúpida todo ese tiempo atrás. Pero pasas de lamentarte, pasado, pisado está. Limpias esas lágrimas, que brotan como resultado de pensar en el pasado, con ese pañuelo usado, dibujas con cientos de colores una sonrisa en tu rostro, quitas los auriculares del mp4, y dejas que suene a tope la música más alegre que tienes. Y piensas: “soy feliz, gracias a ellos”.

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